Crítica de X-MEN First Class


Cuando alguien te recomienda fervorosamente que veas una película, normalmente son tantas las expectativas creadas ante el evento que suele dejar sensación pobre.

Hoy me ha ocurrido a mi eso con el estreno de “X-Men: Primera Generación”… pero al revés.

Estaba tan convencido que era una producción que no me iba a gustar, que el resultado ha sido llevarme una sensación agradable de la sala.

Ojo. El film tiene sus deficiencias para toda aquella persona familiarizada con la franquicia mutante del cómic, pero la calificación global alcanza el aprobado.

Ni que decir tiene que toda la película tiene obligadas referencias a las producciones filmográficas anteriores, de manera que los guiños no son sólo hacia el público comiquero sino hacia el público reciente, consumidor de pantalla grande.

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El film comienza con la consabida escena de 1944 en el campo de concentración y el despertar de los poderes de Erik Lensherr, pero amplia un poco más el contexto y nos permite ver la presión a la que es sometido para que un nazi, KLAUS SCHMIDT (curioso apellido coincidente con el de otro nazi de craneo colorado) vea en acción sus habilidades, para lo cual, asesina a la madre de Erik en su presencia.

Klaus terminará en 1962 en Argentina (refugio real de muchos nazis) con otra identidad más conocida para los amantes del cómic, la de SEBASTIAN SHAW, rey negro del HELLSFIRE CLUB. Es de agradecer un guiño a los lectores: el número  con el que marcan a Erik en el campo de concentración es el 214782, igual que en la continuidad comiquera.

Pero, paralelamente, nos muestran en ese mismo 1944 a un niño de 10 años, (Charles Xavier en Estados Unidos), el cual ya maneja sus poderes mentales. Este zagal encuentra a una pequeña ladrona en su casa, que resulta ser RAVEN/MÍSTICA (algún año más pequeña que él).

La relación entre Charles y Raven es una de las licencias que chirría. Y aunque medio hermanos, medio novios (cosa que nunca ocurrió en los cómics), por lo menos tienen la decencia de explicar (en boca de Hank Mccoy) por qué Raven no envejece al ritmo del resto de personas, aclaración que permite entroncar con la edad con la que se le ve en las primeras entregas filmográficas de X-Men, al lado de un Xavier bastante madurito y calvete.

No obstante, salvando esta extraña relación, Raven como personaje está bastante bien reflejada.

De aquí, pasamos a ver como se desarrolla el descubrimiento de personas mutadas en 1962. Ya Xavier y Lensherr son adultos que han desarrollado bastante sus habilidades y, mientras el primero comienza a trabajar con el FBI y uno de sus agentes, MOIRA McTAGGERT (aquí no es doctora en genética), el segundo se ha llevado toda una vida persiguiendo a Schmidt (Shaw) para asesinarle.

Sus caminos acaban por cruzarse en una persecución tras Shaw, la cual da lugar a que comience la trama principal.

La relación entre Xavier y Lensherr es, a la postre, el nucleo de toda la acción, ya que, aunque comparten el mismo ideal de aglutinar a toda la raza mutante, sus métodos y motivaciones terminan por separarlos. Lo que no es óbice para verlos en varias ocasiones jugando al ajedrez (emulando el final de X-Men I).

El grupo de mutantes (o primera Patrulla X) lo componen una serie de jóvenes que son Banshee (su edad es la única que cuadra en este contexto), Darwin (personaje creado por Ed Brubacker en su “Génesis Mortal” y que termina siendo la primera víctima mortal entre los protagonistas, a manos de Shaw), Ángel Salvatore (personaje de breves andanzas en el cómic creado por Morrison, a caballo entre mosca y hada, la cual es la primera en cambiar de bando, uniéndose a Sebastian), Hank McCoy (que comienza como chaval y termina como bestia; otro que no debía de tener la edad de Xavier), Alex Summers (alías Kaos; idem que el anterior), la propia Mística (Raven) y Moira McTaggert (la única no mutante).

En el bando del Club del Fuego Infernal están Sebastian Shaw (genialmente interpretado por Kevin Bacon, pero que resulta ser un mutante al estilo Bishop, que acumula cualquier tipo de energía y la utiliza como piroquinético practicamente), Emma Frost (Reina Blanca, telépata y ya con la mutación secundaria de convertirse en diamante… otra que no cuadra con esa edad en este contexto), Riptide (uno de los merodeadores que Mr. Siniestro no para de clonar) y Azazel (padre biológico de Rondador Nocturno, que viene muy bien para tener un sucedáneo del mismo sin entrar en contradicciones de edad con la trilogía precedente).

Como véis, dos grupos a cuales más heterogéneos y extraños para los amantes de las colecciones de cómics mutantes.

Otro de los guiños para espectadores y fans de la trilogía anterior es ver al padre de William Stryker como uno de los directivos del FBI al habla con Xavier (hay que recordar que William es el militar que persigue a Lobezno desde el proyecto Arma X en X-Men II).

Y hablando de guiños a estos mismos fans, el mejor de todos lo vemos mientras Charles y Erik reclutan a los mutantes: llegan a una taberna donde está Lobezno (Hugh Jackman) y éste los manda a freir espárragos.

Fantástico.

Otra genialidad que le tengo que conceder al director de la película es el hecho de desarrollar toda la acción en un contexto histórico y real como fue la crisis de los misiles de Cuba y Estados Unidos en 1962, aprovechando los mensajes televisivos de John F. Kennedy como vehículo para ir situando cada momento de la acción. Un gran ejercicio de imaginación ejecutado perfectamente. Así como la elección  de un gran actor del cine bélico (Michael Ironside) para interpretar al alto mando de los barcos de guerra americanos.

Otro gran guiño para los que recuerdan las anteriores entregas es el momento en que Mística quiere acostarse con Magneto, y éste le dice que lo hará “cuando tengas algunos años más”. Entonces ella se transforma, adoptando el rostro de Rebecca Romijn.  Muy bueno.

Hank McCoy se erige como el creador de Cerebro (o el prototipo que se ve en el film) y del Pájaro Negro. Y también se dejan ver algunas perlas la primera vez que Xavier usa Cerebro, como una niña africana con el pelo blanco o un chavalito con gafas oscuras (Ororo y Scott). Y es su obsesión por ser normal la que le lleva a diseñar una vacuna para perder sus poderes, lo que termina convirtiéndole en el osito azul que veis en la imagen.

Nuevos guiños a lectores: Shaw, en su discurso apocalíptico delante de sus aliados, acuña la frase “Somos hijos del átomo”, así como la máxima “luchar por un mundo que os teme y os odia” cuando intenta reclutar a los jovenes mutantes protegidos por el FBI, acción que tiene como resultado el cambio de bando de Angel y el asesinato de Darwin.

A los espectadores que no han leído nunca un cómic, la película le ofrece una versión “particular” del origen del casco de Magneto: Es un casco que la inteligencia rusa ha construido para Sebastian Shaw que le sirve para protegerse tanto de invasiones mentales de su aliada Emma Frost como de Xavier. Otra licencia que nada tiene que ver con el personaje de la serie regular. Por supuesto, tras su derrota (y asesinato por parte de Erik) el casco acabará en manos de propio Magneto.

Como curiosidad, el submarino de Shaw que Magneto saca a la superficie se llama CASPARTINA. Este es un nombre que, a modo de talisman, el director (Matthew Vaughn) suele meter en sus producciones. Ya lo hizo en su producción de 2007 “Stardust”, bautizando con este nombre al Capitán del Hidroavión Shakespeare (Caspartina es la fusión de los nombres de sus hijos reales, CASPAR Y CLEMENTINE). También se llama Caspartina el bar de la fotografía donde se encuentran los dos nazis (aquellos que mata Erik al principio de su busqueda) junto a Sebastian Shaw.

Y aunque cuadre muy bien con una actitud adolescente y despreocupada de la vida, el momento más patético del largometraje es en el que los jovenes X-Men deciden sus nombres de guerra. Momento para olvidar.

La segunda parte de la película (cuando empieza a desarrollarse la acción) está narrada en formato “24″ (como la serie de televisión), viendo varios planos distintos de la misma acción a la vez, mientras el mismo recurso se utiliza para el cambio de situación. Y es un recurso que saca de la monotonía narrativa al film.

Sin embargo, uno de los fallos que sí le veo a la producción es la alternancia de ropas y modos de vestir muy  actuales con respecto a una supuesta sociedad americana de 1962. Así como me llama la atención que en esta entrega de X-Men tampoco tenga el cameo del padre de los superhéroes (igual es que me lo he perdido en un pestañeo).

Al final, todo desemboca en la formación de las dos grandes facciones mutantes, la de Xavier que busca la fraternidad entre sapiens y mutantes, y la de Magneto, que busca la dominación para que no tengan que sufrir como él sufrió cuando fue perseguido por ser judío.

Asimismo, vemos el amor frustrado entre Moira y Charles, el accidente que hace que acabe confinado en una silla de ruedas y la muerte de Shaw, asesinato premeditado de Erik (el cual no es el primero que comete, aunque sí se podría decir que es el primero motivado por el ansia de venganza).

En resumen, una película bastante entretenida, llena de guiños para todo tipo de públicos, pero que nada tiene que ver con los personajes originales (salvo la relación Xavier-Magneto).

Por Obivalderobi